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16 de abril, 2020

Una correcta manipulación del queso

Tenemos un queso ideal (o varios) y es importante saber manipularlos adecuadamente antes de servirlos. Hoy vamos a daros algunos prácticos consejos para tratar a vuestros quesos como se merecen en el camino que recorren desde el frigorífico hasta la mesa.

El queso debe conservarse a una temperatura que no modifique sus propiedades, que no altere ni su textura, ni su aroma, ni su sabor. Lo más práctico y seguro es guardarlos en la nevera, en uno u otro estante según el tipo de queso (cuanto más fresco menos temperatura, por tanto en la parte más alta).

Sin embargo, debemos tener la precaución de sacarlo, por lo menos, unos 30 minutos antes de comerlo para que esté a temperatura ambiente y en su estado óptimo. La temperatura ideal para consumir el queso es de entre 18 y 24 grados y debemos tener en cuenta también su tamaño y la dureza de su corteza, ya que entonces necesitaremos más tiempo para atemperarlo.

Para cortar correctamente el queso debemos hacerlo en una superficie limpia y llana. La tabla de madera suele ser la mejor opción, pero no debemos olvidar la importancia de mantenerla siempre impoluta, sobre todo si se han manipulado carnes o pescados en ella. Si cortamos bien cada queso realzamos su forma, su sabor y, por supuesto, su presencia.

De este modo, el cuchillo toma también especial relevancia. Los cuchillos exclusivos para queso existen, y una vez los descubres ya se vuelven imprescindibles pues están específicamente diseñados para trabajar este tipo de materias y nos permiten aprovechar cada pieza de queso al máximo, sin estropearla. ¡Pon un cuchillo de queso en tu vida!

Por regla general, sin parar a detenernos en las incontables variedades de quesos que podemos encontrar, nos centraremos en dos grandes tipos: los blandos y los duros. Y como no podía ser de otra manera, hay muchas clases de cuchillos.

Los cuchillos con perforaciones en la hoja están pensados para oponer menos resistencia, por lo tanto, ideales para quesos intermedios, y para evitar que el queso semi blando se quede pegado tal como sucede con otros cuchillos. Normalmente, presentan al final del filo una o dos puntas, que nos ayudan también a servir.

Los cuchillos de alambres (también llamados «liras») evitan que el queso de textura frágil se rompa y se desmenuce. El corte que realiza es muy limpio gracias al filo de su alambre, así que es perfecto para quesos blandos y frescos.

Para casos más extremos, cuando nos encontramos con un queso muy duro, podemos optar por un cuchillo menos fácil de ver en cocinas domésticas, pero que es sumamente práctico para las cuñas más resistentes: el cuchillo de doble mango.

La forma del queso determinará cómo tiene que efectuarse el corte para que el queso no se malogre y tanto la presentación como la degustación sean adecuadas. Antes de empezar, hay que tener en cuenta que las cortezas son un elemento importante y tenemos que tener

presente que cada trozo de queso que servimos debe contener una pequeña cantidad de corteza, aunque luego no se vaya a comer.

Como norma general, las variedades con sabores más potentes requerirán láminas más finas, y en cambio, los quesos más cremosos y más suaves pedirán cortes más gruesos para conseguir una buena «pegada en paladar».

En función de la forma del queso (redondo, en barra, en cuña, etc.) efectuaremos como es lógico, un tipo de corte u otro: en porciones, como si de una tarta de se tratara, en lonchas, en láminas finas o más gruesas, en rodajas. Cada forma pedirá un corte específico.

¿Qué quesos escoger para presentar una tabla de quesos?

Pues no debería presentar menos de cinco variedades distintas. Además, sería recomendable que hubiera más de un queso fácil de reconocer. Las tablas de madera o las pizarras siempre resultan mucho más aparentes que un plato de cerámica.

En realidad, la única regla que deberíamos realmente tener en cuenta es colocar los sabores más suaves en la parte exterior y los más intensos en la interior. De este modo, en el momento de comer, los sabores más sutiles no se verán afectados por la degustación temprana de los quesos más potentes.

Como acompañamiento, podemos incluir panecillos, tostadas (¡incluso galletas!), y frutos secos. También las pasas, ciruelas y orejones maridan con todo tipo de quesos, y potencian su sabor. La fruta es ideal para limpiar el sabor entre las distintas degustaciones, sobre todo la manzana.

Esperamos que todos estos consejos os sean de utilidad para próximas ocasiones. Podéis consultar nuestros productos  elaborados con la mejor materia prima y con los que seguro confeccionaréis una tabla de quesos digna de las mejores mesas.

¡Buen provecho!